"Dime qué actitud tienes y te diré
cómo será tu llamada"
Angélica Pereyra
El teléfono es un medio de comunicación,
por lo tanto es un medio de expresión. La expresividad
de una persona es tan importante, que una palabra o
un tono inapropiados pueden echar a perder un negocio,
máxime que no contamos con la posibilidad de
ver al interlocutor.
De modo que, la actitud de un teleoperador al teléfono
deja de constituirse sólo en un elemento propio
de la personalidad, para convertirse en una herramienta
más de trabajo. Ya no sólo interesa la
voz o la entonación de un teleoperador; importa
su actitud.
Actitudes generadoras de efectividad
El punto es que todos podemos elegir la actitud con
la que trabajamos y todos podemos aprender a mejorarla.
De esa elección depende la relación que
se establece laboralmente con los compañeros
de trabajo y con los clientes.
Bob Stone y John Wyman en su libro Cómo hacer
telemarketing con éxito (*), identifican 7 tipos
de características de la personalidad del teleoperador
frente a la personalidad del interlocutor.
(*) Cómo hacer telemarketing con éxito;
B. Stone, J. Wyman y otros, Ediciones Granica, diciembre
1995
La actitud es una competencia más
El Teleoperador es la "cara" de la organización
y, por lo tanto, su actitud es la actitud que transmite
el espíritu de la organización. Así
que no es un tema menor. Tampoco confundamos la actitud
con el "buen o mal humor". Estamos hablando de actitudes
profesionales que favorecen una interrelación
telefónica favorable.
De este modo, las herramientas y enfoques hacia el
trabajo deben permitir el desarrollo de competencias
individuales y grupales en alineación con las
competencias organizacionales. La actitud, desde este
punto de vista, es una competencia más. Por lo
tanto, es una capacidad que permite dominar situaciones
profesionales y obtener los resultados esperados. La
actitud es real, entonces es observable y medible, puede
desarrollarse y modificarse.
¿De qué hablamos cuando hablamos
de actitud?
Cuando hablamos de actitud estamos englobando varios
temas, partiendo de que la actitud es un elemento complejo
de la personalidad. Cuando el teleoperador llega al
call center, trae una actitud previamente adquirida
en el ámbito social, laboral y familiar. Muchos
capacitadores de recursos humanos, en los call centers,
se ocupan permanentemente de capacitar al personal de
teleoperación en el producto/servicio, en el
guión, etc. Deberían ocuparse, también,
de formar y guiar la actitud de ese mismo personal que
finalmente es quien hará posible que el producto
y el guión funcionen bien o mal frente al cliente,
logrando o no los objetivos de la campaña de
telemarketing.
Ahora bien, al hablar de actitud, básicamente
hablamos de:
APERTURA
FLEXIBILIDAD
TOLERANCIA
AUTODISCIPLINA
SERVICIO
Necesitamos APERTURA para aprender
a escuchar y, por lo tanto, para poder comprender lo
que el interlocutor está diciendo. Un teleoperador
que carezca de una actitud abierta, sin preconceptos,
no podrá ser un buen negociador pues sólo
estará escuchando su propia voz, y difícilmente
generará una actitud proactiva.
Cada interlocutor es diferente; cada producto/servicio
tiene un "target"; cada empresa desea capturar una porción
distinta del mercado. Por lo tanto, necesitamos teleoperadores
que tengan la FLEXIBILIDAD suficiente
para adaptarse a cada uno de estos "ambientes" particulares.
No sólo deberá estar condicionado a adaptarse
mentalmente, sino incluso debe considerar que tal vez
deba adaptar hasta su vocabulario y el modo de abordar
al interlocutor, dependiendo de quién sea éste.
Muchas veces su flexibilidad no sólo estará
a prueba entre un llamado y otro, sino dentro de un
mismo llamado, con el mismo interlocutor que va pasando
por distintos estados de ánimo. Por ejemplo,
esto es frecuente entre los teleoperadores que se dedican
a atención de reclamos: resulta muy evidente
cuando inician el llamado con un interlocutor exaltado,
pasan por un interlocutor comprensivo y razonable y,
si hicieron las cosas bien, finalizan con un interlocutor
convencido y fidelizado que se muestra amable y agradecido
con ellos porque le han solucionado su problema. Esa
dinámica exige una gran flexibilidad para saber
dónde se está parado a cada segundo y
hacia dónde se dará un paso en el segundo
siguiente.
La TOLERANCIA que se aprende y se
desarrolla en un call center, tal vez no se aprenda
en ninguna otra parte. La enorme diversidad de personas
con las que un teleoperador se enfrenta a diario y la
variabilidad de situaciones interactivas que se producen
minuto tras minuto, son un excelente entrenamiento para
adecuar su capacidad de aceptar lo diferente a sí
mismo, lo imprevisto, lo que tal vez no le guste enfrentar.
La incapacidad de ser tolerante puede llevar fácilmente
al teleoperador a la frustración frente a la
tarea y los resultados, además de sentirse incómodo
con su trabajo.
Sólo una personalidad que logre la AUTODISCIPLINA
podrá, por ejemplo, mantener la calma ante situaciones
difíciles que ocurran durante el llamado, sin
salirse de su rol; generar en el interlocutor confianza
para guiarlo hacia donde debe dirigirse el proceso de
la llamada; evitar la formulación de promesas
que no pueda cumplir con tal de satisfacer al cliente
y describir verbalmente servicios y productos a veces
abstractos, intangibles y lejanos para el que está
del otro lado del teléfono, de modo que pueda
hacerse entender.
Con frecuencia se ha dicho que la actitud de SERVICIO
hacia el otro es una vocación. Sólo alguien
que ya tiene en sí mismo el interés de
servir a los demás, de preocuparse por los otros,
puede entenderlo. Sin embargo, la vocación de
servicio se puede perfeccionar. Ser servicial es estar
dispuesto a atender las solicitudes del cliente y, aún
más, es saber anticiparse a los requerimientos.
El servicio es la base que sustenta la existencia misma
de un call center como medio de relacionamiento con
los clientes.
Me gusta recordar, especialmente, que algunos supervisores
y capacitadores de grupos de telemarketing confían
tan ciegamente en sus guiones, que olvidan que no se
trata del guión de una novela donde todos los
actores conocen su parte; aquí el único
que sabe su parte es el teleoperador, pero el cliente...
nunca ha visto el guión, de manera que puede
actuar de un modo que aun el mejor guión no puede
prever. Y, en esos casos, la combinación de todas
estas actitudes es absolutamente necesaria para que
el teleoperador no se paralice, para que no invente
e improvise y para que no cometa errores insalvables.
La actitud es una sola
Cuando hablamos de actitud, además de referirnos
a la que tenemos hacia el otro (en este caso hacia el
cliente), nos referimos a la actitud hacia la tarea
a desarrollar, y cuando hablamos de tarea incluimos
a la tarea en sí, al ambiente, al entorno y a
los compañeros de trabajo.
Puede ocurrir que en un equipo de teleoperación
tengamos un teleoperador que se comporta de un modo
al teléfono con los clientes y de otro modo con
la tarea y el resto del equipo de trabajo. ¿Le
ha ocurrido?; entonces está en presencia de un
farsante, ni más ni menos. Una persona lo suficientemente
astuta como para darse cuenta de que su interés
primordial son los resultados. Pero la actitud laboral
es una sola, porque la verdadera actitud surge de una
convicción personal y de un compromiso.
Entonces, ¿cuál es la actitud deseable,
ganadora, inspiradora y exitosa que debe tener un teleoperador?
Fácil: la actitud debe ser la que haga que el
teleoperador, el cliente, sus compañeros y jefes
se sientan a gusto, cómodos y seguros de que
el trabajo está siendo bien logrado. Para eso,
el supervisor de la campaña de telemarketing
deberá evaluar profundamente el terreno; deberá
saber qué tiene, qué quiere, cómo
lo logrará y con quién. De allí
surgirá la actitud deseable.
Es algo sencillo, pero no siempre se clarifica al momento
de seleccionar el equipo que planificará y desarrollará
la campaña. No siempre se recuerda durante el
entrenamiento de los teleoperadores. No siempre se comunica
con frecuencia. Y si eso ocurre, difícilmente
el teleoperador sabrá qué actitud se espera
de él.
A continuación veamos un decálogo
posible de actitudes individuales que, sumadas, llevan
a la mejor actitud para el telemarketing:
Buena disposición hacia la tarea y orientación
al cliente
Positivismo ante situaciones adversas o imprevisibles
Seguridad en sí mismo
Convencimiento acerca de la propuesta y el producto/servicio
Empatía para poder ponerse en el lugar del otro
Sonrisa; la sonrisa se contagia, se ve y se imita, se
devuelve, favorece la apertura
Concentración
Relajación para poder mostrarse natural
Constancia y paciencia
Equilibrio emocional
Entonces, cuando se seleccionan teleoperadores y se
arma el perfil del candidato al puesto, es tan importante
tener buena dicción como tener convencimiento.
Es tan importante carecer de muletillas como ser capaz
de sonreír y que esa sonrisa "se vea" del otro
lado del teléfono. Es tan importante tener una
voz clara y una entonación rítmica como
poder controlar un enojo momentáneo. Los teleoperadores
no son máquinas al teléfono, no subestimemos
la condición humana que diferencia una llamada
de una operación telefónica. Creo que
lo peor que un cliente puede decirle a un teleoperador
es:
Hola... hola... ¿es usted una persona o me han
puesto otra vez con un contestador automático?
Así que, la actitud del teleoperador debe ser
tal, que sus clientes y el entorno laboral en el que
éste se desarrolla deben poder disfrutar de su
atención y enriquecerse con su valor.
Angélica Pereyra (angelica_pereyra@hotmail.com)
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